MIÉRCOLES PALABRAS DE JESÚS
Este
pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me
adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas. Mat. 15: 8-9NVI
Otras
palabras con un tono recriminatorio de Jesús fueron; no todo aquel que me dice
señor, señor; entrará en el reino de los cielos. ciertamente Jesús
encontraba mucha religiosidad en las personas; pero la vida, el seguir a Jesús
y creer en Dios no es de religiosidad sino de actitudes.
Acercarse a Dios no es por miedo o por
necesidad, tiene que ser por convicción y por amor, ser cristiano nunca será
igual a ser religioso, existen creyentes que defienden arduamente su religión
por encima de otras creencias, esto únicamente nos hace pensar que la forma en
que se han acercado a Dios no puede ser la correcta.
Este pueblo de labios me honra.
Dice Jesús el conocimiento de mi nombre y de mi poder ha llegado a su vida, son
temerosos no solamente de pensamientos, sino hasta de palabras se dicen ser
creyentes; pero con sus actitudes demuestran que están lejos de ser lo que un
hijo mío tiene que ser.
Haciendo una critica constructiva y
analizando nuestra forma de ser cristianos nos podemos dar cuenta que algunas
cosas no están correctas, si observamos a nuestra sociedad nos daremos cuenta de
que estamos llenos de religiosidad, en cada pueblo existen un sin número de templos,
un sin número de creencias y un sin número de santos o patrones de los pueblos,
pero el vacío, la desigualdad y la pobreza siguen imperando en las personas.
Cuando analizamos, entendemos y vivimos la salvación
por la fe en Jesús y aceptamos su muerte como nuestra salvación, y como el
medio de acercarnos a Dios, no encontramos las diferentes formas de pensar y de
actuar de los múltiples movimientos religiosos que imperan en nuestro
alrededor.
En vano me adoran. Dice Jesús que esa forma de acercarnos a Él simplemente
es vana, sin valor, estamos tan preocupados de alcanzar la gracia de Jesús con
nuestras acciones que se nos olvida que nosotros no la alcanzamos; que Él ya
nos la dio y que lo único que tenemos que hacer es dejar que el dirija nuestras
vidas por medio del poder de su Espíritu santo.
Buscando pues agradar a Dios caemos en enseñanzas
y reglas de hombre; anteponemos nuestra forma de percibir los valores del reino,
antes que dejar que su palabra y su espíritu nos guíen; la palabra del señor en
estos tiempos fluye como ríos por todos los medios posibles, ya no podemos
decir que no hay quien nos enseñe la palabra de Dios, lo que si tenemos que hacer es dejar que
sea la palabra quien nos hable y apartar nuestros oídos a tradiciones, prejuicios
y caprichos de hombres.

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