JUEVES DIOS CON NOSOTROS
Estamos
tan costumbrados a nuestra forma de vida que no creemos que se puede vivir de
una mejor manera, la vida nos ha heredado las formas de vida que tenemos donde
ya no sentimos dolor ni angustia, que a pesar de los dolores y sufrimientos
seguimos fomentando y aceptando las mismas formas que por años han sido nuestro
modus operandi.
¿Para qué
recibir más golpes? ¿Para qué insistir en la rebelión? Toda su
cabeza está herida, todo su
corazón está enfermo. Isaías 1:5 NVI, Dios con sus palabras nos dice que nuestras formas de vivir
y de enfrentar la vida solamente nos genera dolor y sufrimiento dice el apóstol
pedro que de esas formas de vida podemos ser rescatados y transformados, Como
bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus
antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el
oro o la plata, sino con la
preciosa sangre de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin defecto.
1 Pedro 1 18-19 NVI.
¿Te has dado cuenta de cuanto esfuerzo nos
cuesta hacer las cosas diferentes de como las practica nuestro medio social en
el que vivimos?, como si todo estuviera en nuestra contra, todas las fuerzas de
las costumbres, emociones y sentimientos se vuelcan en contra nuestra cuando
tratamos de llevar una vida diferente.
A la primera fuerza que nos enfrentamos es a
nuestra propia convicción de ver las cosas, tenemos tan arraigadas las
costumbres y las formas de ver la vida igual a una sociedad caída que no
podemos ver un porvenir mejor y aunque algunas veces lo visualizamos, añoramos
y deseamos, las formas y valores actuales no nos dejan dar siquiera el primer
paso, al trabajar con las convicciones y
pensamientos de las personas, me he dado cuenta como esta fuerza interna con la
que se lucha no permite dar el primer paso,
he visto a personas intentar por un tiempo pero después son arrastrados y
vuelven a los principios configurados en sus pensamientos. En su
caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro
vuelve a su vómito», y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo» 2
Pedro 2:22 NVI.
El primer paso para vencer esta fuerza es
creerle a Dios; que el nos llevará a una vida mejor, esta es la historia de Abraham
el cual se despojo de todo lo bueno que tenía; por algo que no tenía, pero al
creerle a Dios el creía solo por fe que Dios le daría una vida mejor. Entonces
el primer paso para vencer esa fuerza interior que lucha en contra nuestra es
tener fe y creer en el hijo, el cual nos ofrece una novedad de vida. esto es
creer en el hijo.
La segunda
fuerza a la que nos enfrentamos es nuestra propia familia quien ha seguido
costumbres y patrones bien establecidos, los cuales están inmersos en esa forma
de vida, no pueden ver el mal y daño que les causa, volvemos al texto del libro
de Isaías Toda su cabeza está herida, todo su corazón está enfermo. cuando algún miembro de
la familia trata de romper con esos moldes, automáticamente se vuelve enemigo
de la familia. Esta es otra fuerza que termina venciéndonos en nuestra lucha de
tener la vida siguiendo los valores del hijo de Dios y con esto los valores del
reino de Dios.
Una tercera fuerza que tenemos que vencer son
las costumbres y valores de la sociedad que nos rodea, la cual nos marca, con
marcas imborrables e insuperables y nos cierra todo tipo de entendimiento, por
este motivo terminamos llamando a las cosas que vemos como buenas y perdemos
todo discernimiento de las cosas que nos dan la verdadera vida
Al proclamar a Dios con nosotros por medio
del poder de su Espíritu santo, declaramos que vivimos bajos los valores del reino
de Dios, las costumbres y tradiciones de
la sociedad ya no tiene poder sobre nosotros, por lo tanto, los castigos,
sufrimientos y dolores de este mundo ya no operan en nosotros porque tenemos la
vida.

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